Primera Emisión

lunes, mayo 17, 2021
El ciego Bartimeo

Abundar en frutos buenos

Todos de alguna u otra manera, buscamos emprender y trabajar, para obtener frutos buenos

Frutos buenos que no sólo son de carácter material. Pues deben ser humanos e incluso espirituales. Es la razón de ser de la existencia.

La razón de la existencia debe ser descubrir, en todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, la luz que llevamos dentro para compartirla.

Actuar bajo la acción de la luz, que busca disipar nuestras tinieblas, actuar con fe y esperanza, en medio de la duda y del miedo, es buen cultivo para la cosecha.

Cuando hacemos las cosas del día a día, con libertad y alegría, abundaremos en los buenos frutos.

Luz en forma de cruz desde el cielo
Invocar a Dios

La Palabra de Dios nos invita a decirle sí, a esa magnífica manera de ser. Ante las posturas que adoptamos frente a las situaciones.

Decirle sí, a la producción de buenos frutos, mediante la conversión. La cual nos hace tomar conciencia que debemos mejorar.

Estamos hablando, en concreto de tener, la experiencia de Dios. Darnos cuenta de su intervención en cada uno.

Para este tiempo litúrgico, en el que Cristo glorificado nos acompaña, recordemos de tantos personajes, a dos particularmente.

Uno es Esteban, y el otro Saulo. He escrito Saulo. Que después de su encuentro con Dios, de su experiencia Divina, pasó a llamarse Pablo.

La experiencia que podamos tener de Dios, en nuestras vidas, nos hace muy fuertes. Esta es la fuerza que sentimos con la invitación de la Palabra, a la conversión.

La conversión necesariamente transforma nuestro corazón. Corazón siempre dispuesto a llenarse de sentimientos de Dios.

La conversión nos envuelve de tal manera, que empezamos a vivir con el sentido del porqué de las cosas. Se ha descubierto al Señor.

Encontrarse con Dios, nos hace fuertes en los momentos difíciles.

“Mientras era apedreado, Esteban oraba así: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Después se arrodilló y dijo con fuerte voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y dicho esto, se durmió en el Señor” (Hc 7, 59 – 60).

Por otra parte, al otro personaje, Saulo, nos refiere el mismo Libro de la Sagrada Escritura: “Al llegar a Jerusalén intentó juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuese realmente discípulo.

Entonces Bernabé lo tomo consigo, lo presentó a los apóstoles y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino y cómo el Señor le había hablado.

También les expuso la seguridad con que había predicado en Damasco en nombre de Jesús” (Hc 9, 26 – 27).

No cabe la menor duda, que el diálogo, y la obediencia a Dios, nos hace fuertes.

Diálogo a través de la oración, de la lectura de la Biblia. Para obtener, en todo, los buenos y abundantes frutos.

“Un refugio para los tiempos de angustia”

La fe y la confianza en Dios, son un refugio en medio de todos los momentos amargos que seguro atravesamos.

La Palabra del señor, es la ventana por la cual podemos ver la presencia de nuestro consuelo, llamado Jesús.

Jesús espera, que le respondamos acercándonos, ante cada invitación que nos hace. Seguros de poder librarnos de aquello que busca derrotarnos.

Para salir victoriosos, fortalecidos, llenos de paz y de esperanza; en tiempos y momentos de angustia, recomiendo siempre los Salmos.

Salmos que contienen el escrito, sencillo y directo, de aquél que se acuerda e invoca en todo momento a Dios.

El Salmo 9, es mi propuesta en esta ocasión. Un Salmo que narra las palabras de aquel que se siente oprimido. Pero que invoca al Todo Poderoso.

“Que mi alma alabe al Señor y proclame todas sus maravillas. En ti me alegraré y me regocijaré, y cantaré a tu Nombre, oh Altísimo.

Porque mis enemigos retroceden, tropiezan y perecen ante ti. Has abatido al pagano, has hecho perecer al malvado y has borrado su nombre para siempre.

Pero el Señor reina para siempre y establece su trono para el juicio. Gobernará la tierra con justicia y juzgará con rectitud a las naciones.

El Señor es un bastión para el oprimido, un refugio para los tiempos de angustia. Que en ti confíen los que veneran tu nombre, porque no abandonas, Señor, a los que te buscan.

Pues pide cuentas por la sangre vertida, se acuerda de los oprimidos y no olvida su clamor.

Porque no será olvidado el pobre para siempre ni será en vano la esperanza del humilde” (Sal 9, 2 – 4. 6. 8 – 11. 13. 19).

Clara es la invitación, a confiar y no decaer. Incluso en medio de la pandemia, el Señor, no olvidará nuestro clamor.

¡Prohibido! perder la esperanza, Dios no nos olvida. Recuerda siempre la oración del sencillo, y del pobre, enaltece su fidelidad y su amor.

“Siente que el Señor le pide más”

Hemos tenido la bendición de Dios, los venezolanos, de celebrar la Beatificación, del Doctor José Gregorio Hernández.

En medio de la gran conmoción que vive el mundo y nosotros más, por supuesto, en tantos temas. Dios viene a recordarnos que está con nosotros.

No podemos pasar por alto este acontecimiento. Clave e histórico, para nuestra nación. El Señor, nos da una prueba muy clara que busca consolar a su pueblo.

Hace muchos años atrás, esperaron, quienes ya no están con nosotros este acontecimiento.

Ellos, llenaron sus rezos, oraciones y promesas con esta intención. Quisieron, y anhelaron vivirla. Pero hoy somos testigos del cumplimiento de esas promesas y sacrificios.

La Beatificación del Doctor José Gregorio Hernández, es un reconocimiento por parte de la Iglesia, a sus virtudes.

Se premia de esa manera el profundo deseo que sentía el beato de estar muy cerca del Señor. Fue siempre una idea y un sentimiento, que no pudo borrar.

Aunque estuvo muy cerca de Cristo, en la oración, en la Eucaristía y en el servicio, al enfermo, quería también servirle desde el sacerdocio.

“Siente que el Señor le pide más, hasta el total desprendimiento de los bienes de este mundo y la separación de su familia, y así poder dedicarse por entero a la oración y a la penitencia”.

En una oportunidad se le acercó a Monseñor Castro y le dijo: “Monseñor, tengo que ser sincero con usted como lo he sido siempre, porque usted es mi confesor.

No me puedo quitar de la cabeza la idea de que el Señor me llama para servirle en el sacerdocio. Cuando le presento al Señor en la oración estos pensamientos me lleno de una paz y una alegría que pienso sólo son de Él”.

La gente incluso, sabía y comentaba de su deseo por el sacerdocio. Claro, fueron tres intentos por conseguirlo.

Fue noticia su viaje a Italia, hacia el convento de los Cartujos, orden de San Bruno. Aunque era muy reservado y humilde, la prensa lo reseñaba.

Pero por otro lado se iba a notar, se notaba, su ausencia en medio de aquella pequeña población, relativamente, que ocupaban la Ciudad de Caracas.

Lo mismo al ingresar al Seminario De Santa Rosa, en Caracas. Fueron los mismos estudiantes de medicina, que le pidieron, a Monseñor Castro que intercediera para que el doctor, desistiera de esa aspiración.

Así lo hizo, y se volvió a la Universidad, con sus alumnos y retomó sus clases.

“Monseñor, me pongo enteramente a su disposición y haré lo que usted me aconseja. Mi fe me dice que por su boca Dios mismo me señala el camino que debo seguir”.

Hasta que tuvo lugar su tercer intento, por conseguir el ministerio sacerdotal, en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano en Roma.

Todos notaban su ausencia. Era un acontecimiento público e importante. Especialmente entre los más pobres, eran siempre sus predilectos y beneficiarios.

“El doctor se va. Pa’mí que vuelve otra vez a su idea de hacerse cura, yo que te lo digo. No hay más que verle en la iglesia, que no sabe cuándo salir de ella”.

Así entonces, confundieron su viaje a Nueva York, en 1917, con otro intento por ser sacerdote. Pero no.

En esta ocasión quería actualizar su libro sobre “Elementos de Bacteriología”. José Gregorio Hernández, fue siempre un hombre de avanzada ciencia y dado a la constante renovación.

“Llamadas de atención”

Estemos siempre pendientes de estar conectados con la Palabra, que es el medio diáfano, y eficaz, para escuchar a Dios.

Así lo hicieron, nuestros primeros padres en la fe. Lo hicieron todas las santas y santos de Dios. Lo hizo el Beato José Gregorio Hernández.

Estamos llamados nosotros también. A escuchar constantemente la Palabra, plasmada en la Biblia. Para hoy y siempre nos advierte:

“Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios para afuera, sino de verdad y con hechos. En esto conoceremos que somos de la verdad y se tranquilizará nuestra conciencia ante Él.

El que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. Pues Dios permanece en nosotros, y lo sabemos por el Espíritu que nos ha dado” (1 Jn 3, 18. 24).

“Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada.

Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca” (Jn 15, 5. 16).

¡Dios les bendiga!

Padre Marcos Linares
Instagram: @elciegobartimeo
Twitter: @elciegobartimeo
YouTube: Encuentro con la palabra, el ciego Bartimeo

2 COMENTARIOS

  1. Amén 🙏 Buenas tardes Padre Marcos. Sabias palabras las que el Espíritu Santo hace que usted exprese para que entendamos que debemos leer la Biblia y que por medio de ella recibamos el mensaje de nuestro Señor Jesucristo. Que vivamos en la fé y practiquemos las obras de Misericordia. Hoy más que nunca se nos hace un llamado a dejar el egoísmo, la maldad y ser benevolentes con aquellos que nos necesitan. Tenemos al Dr José Gregorio Hernández, nuestro beato. Santo, el médico de los pobres quien nos ha dado un ejemplo de humildad. Aprendamos de él. Excelente reflexión que nos invita a ser más humanos cada día. Y a que nos nutramos de la Palabra. Dios lo bendiga y proteja siempre. Y le dé buena salud. Que el Espíritu Santo lo siga iluminando y guiando. Amén 🙏🙏🙏

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