Segunda Emisión

martes, diciembre 1, 2020
El ciego Bartimeo

“Al que tiene se le dará y le sobrará”

Dios nos conoce, sabe cómo somos, hasta dónde podemos llegar y nos exige, para que nos encarguemos de la producción, de la multiplicación, sin excusas

El tema de los bienes de este mundo, es un tema interesante para nosotros los cristianos. El Dios de los católicos, el verdadero y único, está siempre dispuesto a confiarnos y encargarnos sus bienes.

¿De qué bienes, estamos hablando? Pues, sin ningún tipo de complejos y sin escrúpulos dañinos, sabemos de los materiales, y más importante: de los bienes de arriba, de su reino.

Bienes como la fe, la esperanza, el amor, el perdón, misericordia, compasión, oración, paz, alegría, sin pasar por alto los materiales. Todo según nuestra capacidad.

Porque Dios nos conoce, no lo olvidemos. Él sabe cómo somos, hasta dónde podemos llegar y nos exige, para que nos encarguemos de la producción, de la multiplicación, sin excusas.

La producción y la multiplicación, son palabras muy importantes en nuestra vida material, y sin lugar a dudas, también en las cosechas y frutos espirituales.

En términos financieros, económicos, la inversión es clave. Se debe invertir para crecer y prosperar materialmente. Situación nada fácil, tiene sus riesgos, y más hoy.

Pero, el riesgo es muy importante. Aunque tomemos precaución y tomemos muchas variables en cuenta, nada deja de ser riesgoso.

Luz en forma de cruz desde el cielo
Invocar a Dios

Lo mismo sucede en el plano espiritual, se deben tomar riesgos, para dejar de lado, la soberbia, el orgullo, y la falta de fe.

Los bienes materiales y espirituales vendrán a nosotros, a manos llenas, permitiéndonos vencer necesidades, con la fórmula de acción de gracias.

Dar gracias a Dios, por lo que tenemos, por lo que vamos a recibir es un punto clave para disponernos a obtener riquezas, abundancia. La acción de gracias es proporcional a la multiplicación.

Sin hacer mucho esfuerzo mental, podemos ver con detalle, el signo de la multiplicación de los panes. Jesús, antes de dar de comer, a una multitud, con pocos panes y escasos pescados, pronunció la acción de gracias a Dios.

Dar gracias sin cansarnos y luego con seguridad, disponernos a ver la abundancia sobre nosotros y sobre todos nuestros hermanos. Falta más acción de gracias, por eso nunca falta, lamentablemente, la necesidad y la pobreza.

Unida a la acción de gracias, como fórmula de riqueza, material y espiritual, tenemos la escucha atenta a las palabras de Jesús. Jesús enseña y recompensa, a quienes aprenden y obedecen.

Antes de dar de comer a tanta gente, les enseñaba. Recordemos otro episodio de abundancia, de multiplicación, de riqueza. Me refiero a la pesca milagrosa.

Después de las palabras de Jesús, de sus enseñanzas y de la atenta escucha de las personas, de sus más cercanos colaboradores, los apóstoles, Jesús los invitó a echar las redes al lago.

Los apóstoles obedecieron, fueron, lanzaron las redes, y recogieron tal cantidad de peces que se necesitaba fuerza para sacarlos y se puso en peligro la integridad de la red.

La abundancia viene seguida de cada acción de gracias; de cada escucha de la palabra de Dios viene la multiplicación. Una multiplicación que se da, por obedecer y confiar en la palabra de Jesús, incluso por encima de nuestra manera de trabajar.

Sabemos que el trabajo, hecho con voluntad, es clave para nuestro sustento. Pero no solamente el trabajo, sino la manera de ver las oportunidades para hacerlo.

En el caso de los discípulos, estos habían trabajado toda la noche, sin resultados. Obedeciendo a la palabra de Jesús, trabajaron, pero de manera eficaz y fue grande el resultado.

Dios está dispuesto a darnos, pero quiere de nosotros la producción. Que se produzca más, gracias a la inversión. Una inversión que nos viene dada por la confianza en Dios, que vencerá el miedo.

Una inversión en base a creer en lo que Jesús nos dice, en la capacidad que tengamos para compartir, y ser generosos, con los más necesitados. Necesitados de pan, de dinero, sobre todo, necesitados de consejos, de enseñanzas, que puedan iluminar sus mentes.

Para no darle solamente el pescado sino la caña de pescar. Visión y educación, para que, con sus propios medios, hagan crecer y rendir los frutos. El agua está y los peces también.

Dios incluso, pone los resultados, que dependerán de la manera de ver las cosas, de nuestra buena voluntad, según las destrezas y aprovechamiento de los dones.

Razón tiene la parábola de los talentos: “Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene” (Mt 25, 29).

Vivir como hijos de la luz y del día

Vivir como hijos de la luz y del día, significa estar dispuestos a agradar a Dios en todo momento. Siendo obedientes a Él, estando dispuestos a hacer toda clase de obras buenas.

Significa aprovechar cada oportunidad que se nos presenta, para hacer el bien a quien lo necesita.

Cuidado, con la procrastinación, para hacer el bien. Todos, desde nuestra condición, podemos contribuir a hacerlo. Tentaciones: “no tengo con qué ayudar” “mejor lo hago mañana” “el mes que viene” “o para el próximo año”. Nada de eso, es ya, y es hoy.

Dios espera de nosotros que seamos por comportamiento, por la manera de ser, y ver las cosas, sus hijos de verdad. Contando con su compañía, con su socorro y con su asistencia.

Vivir como hijos de la luz, haciendo buen uso de nuestros bienes, materiales y espirituales.

Que no esperemos, obediencia a nuestros caprichos, por parte de los demás, creyéndonos los reyes. Así conoció el principito, en el primer planeta, un rey totalmente solitario.

Que no nos volvamos engreídos, esperando siempre ser adulados. Como el hombre que conoció el principito. En aquél segundo planeta que visitó.

Dios espera de nosotros que no caigamos en los vicios, por tener muchos bienes o por carecer de ellos. Como el habitante, del tercer planeta.

Que no vayamos a creernos los dueños del mundo y de las estrellas, porque tenemos muchos bienes en esta tierra. Ejemplo, el hombre de negocios, del cuarto planeta.

Que no nos creamos unos “fenómenos” porque tenemos conocimientos, títulos, y no sé cuántos viajes, por el mundo. Al estilo del geógrafo, que conoce el principito en el quinto planeta, antes de venir a la tierra.

Este último hombre, tenía muchos registros en su memoria, de lo aprendido por los exploradores. Pero no sabía valorar el detalle, lo pequeño, como la flor del niño.

Una obra infantil el “Principito” publicada en 1943, pero que nunca dejará de enseñarnos, por más edad que tengamos y alcancemos en la vida. Es del escritor francés: Antoine de Saint-Exupéry.

Es una gran riqueza, que podamos leerla, recordarla y practicarla; riquezas que obtendremos siempre de los niños, y que lamentablemente pasamos por alto e ignoraremos. Por algo, fueron los niños para Jesús, un referente de enseñanzas.

Obediencia y confianza

Hay un caso en el antiguo testamento, entre tantos, que recuerdo en este momento. Se trata del profeta Elías. Dios le envió a Sarepta. Región de Sidón.

“Se levantó y partió para Sarepta. Cuando llegó a la puerta de la ciudad, había allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: ¿Quieres traerme un poco de agua en ese cántaro para que yo beba? Cuando iba a buscarla, la llamó y le dijo: ¿Podrías traerme también un trozo de pan?

Ella le respondió: Tan cierto como que vive Yavé, tu Dios, que no tengo nada cocido; sólo tengo un poco de harina en un tiesto y un poco de aceite en un cántaro. Vuelvo a mi casa para prepararlo para mí y para mi hijo. Lo comeremos y luego vendrá la muerte.

Elías le dijo: No temas, anda y haz lo que te digo; sólo que prepara primero un pancito que me traerás, luego harás otro para ti y para tu hijo. Porque esto dice Yavé, Dios de Israel: La harina del tiesto no se acabará y el aceite del cántaro no se terminará hasta el día en que Yavé haga llover sobre la tierra.

Ella se fue e hizo tal como le había dicho Elías, y durante mucho tiempo tuvieron qué comer, éste, Ella y el hijo. La harina del tiesto no se acabó y el aceite del cántaro no se terminó, según la palabra que Yavé había dicho por boca de Elías” (1 Re 17, 10 – 16).

Mujer mirando luz en el cielo
Invocar a Dios

Definitivamente, Dios espera de nosotros que seamos humildes y obedientes para recibir con atención su Palabra.

Siempre diligentes en el trabajo, seguro y eficaz, la viuda de Sarepta, recogía dos cargas de leña. Según su capacidad.

Esta señora, no dejó pasar la oportunidad, la aprovechó para hacer el bien, para compartir de lo muy poco que tenía. Se arriesgó, lo invirtió todo.

Le dio una parte al Profeta. Confió en la Palabra de Dios. Viendo como resultado una abundancia de harina y aceite, que más nunca le faltó.

¡Amigos: sin más palabras!

¡Dios los bendiga!

Padre Marcos Linares
Instagram: @elciegobartimeo
Twitter: @elciegobartimeo
Youtube: Encuentro con la palabra, el ciego Bartimeo

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