Segunda Emisión

martes, diciembre 1, 2020
Estar y vivir bien

Cuando descubrí que sí me gustaba lo que pensé que no

En mi propósito de estar y vivir bien he explorado facetas que creí no me gustaban, pero que la verdad nunca había intentado. Una de ellas: ¡ejercitarme!

Instalar un hábito, sea cual fuere, amerita como principal ingrediente la voluntad. Ahora, si eso que deseamos o necesitamos instaurar en nuestra vida trae consigo una idea preconcebida de pesar o disgusto, esa voluntad debe partir por intentarlo. Esa fue mi historia con el ejercicio, pasé mi vida diciendo que no me gustaba o que era floja y siempre encontraba una razón para no hacerlo. El horario de trabajo, la dinámica, el deseo de aprovechar el poco tiempo para hacer cualquier cosa, menos ejercitarme, se convirtió en una retahíla que me resultaba muy convincente.

Sin embargo, todo en la vida tiene su momento justo. Cuando se acercaba mi cumpleaños 40, decidí que quería llegar a ellos con el hábito del ejercicio instalado, valorando y haciendo justicia a mi deseo de sentirme cada vez mejor.

Cuaderno de notas y lapiz
Cuaderno de notas

Una vez independiente laboralmente, ya la excusa del horario y el trabajo desaparecieron. Soy dueña de mi tiempo, así que era sencillo encontrar un lapso para ejecutarlo. Por allí empecé, precisando el momento ideal para sumar a mi día una rutina de ejercicios. Descubrí que lo mejor era temprano en la mañana, cumplía con mi objetivo y luego de eso podía dedicar el resto de las horas a todos los asuntos laborales, con mucha más energía; a diferencia al intento fallido de hacer ejercicio en la noche. Regresaba a casa con un hambre descomunal y un sueño insoportable.

Logrado ese paso, se sumó la importancia de construir un discurso que sirviera para impulsarme cada día a hacerlo, toda una artillería de razones a la cual recurrir cuando me atacara la idea de abandonar. En este caso pensaba en lo que significaría físicamente dejarlo y retomar, con ese ácido láctico pasándome factura por la pausa. También encontraba motivación al progresar en la cantidad de días e intensidad de los ejercicios.

Personas trotando
Corredores

Poco a poco fui agarrando el gusto, así que pasé de dos a cinco días de entrenamiento, quiero duplicarlo, mi objetivo es dedicar dos horas diarias, cinco días de la semana. Que todo fluya con gusto, nada de castigos. Es necesario escuchar nuestro cuerpo, si en alguna ocasión siento que estoy fatigada, no lo hago; tampoco me castigo por dejar de ir uno de los días, soy flexible con la consciencia de que es válido el descanso y con el compromiso de volver. 

Lo importante de todo esto es que, en mi caso y en ese momento, se trataba de ejercitarme. Pero un hábito es cualquier acción que deseamos instalar en nuestra vida con un propósito. La experiencia con el ejercicio me hizo sentir poderosa, ¡logré lo que pensé que no me gustaba! Y más allá de eso, ¡le agarré el gusto, así que la motivación es mayor!

La reflexión que quiero compartir es, si logré instalar el hábito de algo que “no me gustaba”, imagínate todo lo que puedo hacer con lo que sí. ¡Y esto funciona con todo y para todos! ¿Cuántos momentos nos estamos perdiendo por decir que no nos gusta o, peor, sin ni siquiera intentarlo? ¿Cuántas veces postergamos, o nos olvidamos, de sueños por solo no dar el primer paso?

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Yesmín Sánchez
http://estaryvivirbien.com/
[email protected]
@sanchezyesmin

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo amiga! Así es! Tener hábitos en nuestro estilo de vida, ayuda mucho a llevar una vida más equilibrada…. Cuando una actividad la conviertes en hábito,el día que no lo haces te sientes incómodo!! Tengo el hábito de meditar y la lectura a diario, después de agradecer♥️🙏

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